Hace varios años venimos escuchando que es urgente educarnos para una ciudadanía activa. Y hemos trabajado el discurso sobre el tema, realizado jornadas, campañas, experiencias de todo tipo…y?
Realmente que es la CIUDADANÍA? Qué significa ser CIUDADANO?
El otro día leyendo algunos documentos sobre el tema, en función de las Tareas del Diplomado, encontré algo que me gustó muchísimo:”Esta vocación a ser ciudadanos, la tenemos desde nuestra concepción”, Me llamaron la atención esas dos palabritas: vocación y concepción, pensé: somos “llamados a ser” ciudadanos, ¡qué importante! Y desde nuestra “concepción”, podríamos decir en otras palabras, “desde siempre”: ¡maravilloso!. Y ya después, desde que nacemos, nos registran inmediatamente como miembros de una comunidad civil, nos dan un nombre para identificarnos socialmente y empezamos a disfrutar de una cantidad de privilegios llamados Derechos. Hasta aquí todo va divinamente, pero resulta que tanta belleza, solo es parte de un todo, cuyo complemento tiene sus bemoles: Los Deberes que integran nuestro ser ciudadanos. Y resultamos pensando y actuando exactamente a medias, creyendo y asegurando muchas veces, que como ciudadanos que somos tenemos solamente derechos que todos deben respetar, cuidar, pero casi nunca o nunca pensamos, hablamos y mucho menos cumplimos, vivimos nuestros deberes.
Y desafortunadamente ahí quedamos, sin saber siquiera definirnos como ciudadanos, sacamos a relucir esta identidad cuando de votar en unas elecciones se trata, cuando cumplimos los dieciocho y queremos ser “mayores de edad”, “libres”, “sin compromisos con los demás”, etc. etc…
¡Qué reto el que tenemos como educomunicadores!: educar para una ciudadanía activa, despertar, poner a funcionar esa dimensión, cabe llamarla así, de nuestra identidad humana. Empeñarlo todo por la creación de ecosistemas educomunicativos, que nos permitan cualificar nuestras relaciones interpersonales, como ambiente propicio para crecer como personas y ayudar a crecer a los demás.
La ciudadanía no es un fin en sí misma, es un medio para construir un bien común, para realizar acciones responsables que beneficien a todos, incluyéndonos a nosotros mismos. Una práctica responsable para la transformación del ambiente como dice nuestra Propuesta de Educomunicación.
El ejercicio de la ciudadanía no puede dejar a nadie al margen, ni siquiera a los mal llamados por la sociedad: desechables. Todos tenemos derechos que nos protegen y que los demás deben respetar, como también deberes que cumplir, para que los demás puedan gozar de sus derechos.
Es aquí donde se genera la auténtica convivencia humana, síntesis de los valores de la responsabilidad, la participación, el respeto, la generosidad, la honestidad, cuya circulación, beneficia a todos, dando cabida a la solidaridad, fuerza creadora del bien común.
Realmente que es la CIUDADANÍA? Qué significa ser CIUDADANO?
El otro día leyendo algunos documentos sobre el tema, en función de las Tareas del Diplomado, encontré algo que me gustó muchísimo:”Esta vocación a ser ciudadanos, la tenemos desde nuestra concepción”, Me llamaron la atención esas dos palabritas: vocación y concepción, pensé: somos “llamados a ser” ciudadanos, ¡qué importante! Y desde nuestra “concepción”, podríamos decir en otras palabras, “desde siempre”: ¡maravilloso!. Y ya después, desde que nacemos, nos registran inmediatamente como miembros de una comunidad civil, nos dan un nombre para identificarnos socialmente y empezamos a disfrutar de una cantidad de privilegios llamados Derechos. Hasta aquí todo va divinamente, pero resulta que tanta belleza, solo es parte de un todo, cuyo complemento tiene sus bemoles: Los Deberes que integran nuestro ser ciudadanos. Y resultamos pensando y actuando exactamente a medias, creyendo y asegurando muchas veces, que como ciudadanos que somos tenemos solamente derechos que todos deben respetar, cuidar, pero casi nunca o nunca pensamos, hablamos y mucho menos cumplimos, vivimos nuestros deberes.
Y desafortunadamente ahí quedamos, sin saber siquiera definirnos como ciudadanos, sacamos a relucir esta identidad cuando de votar en unas elecciones se trata, cuando cumplimos los dieciocho y queremos ser “mayores de edad”, “libres”, “sin compromisos con los demás”, etc. etc…
¡Qué reto el que tenemos como educomunicadores!: educar para una ciudadanía activa, despertar, poner a funcionar esa dimensión, cabe llamarla así, de nuestra identidad humana. Empeñarlo todo por la creación de ecosistemas educomunicativos, que nos permitan cualificar nuestras relaciones interpersonales, como ambiente propicio para crecer como personas y ayudar a crecer a los demás.
La ciudadanía no es un fin en sí misma, es un medio para construir un bien común, para realizar acciones responsables que beneficien a todos, incluyéndonos a nosotros mismos. Una práctica responsable para la transformación del ambiente como dice nuestra Propuesta de Educomunicación.
El ejercicio de la ciudadanía no puede dejar a nadie al margen, ni siquiera a los mal llamados por la sociedad: desechables. Todos tenemos derechos que nos protegen y que los demás deben respetar, como también deberes que cumplir, para que los demás puedan gozar de sus derechos.
Es aquí donde se genera la auténtica convivencia humana, síntesis de los valores de la responsabilidad, la participación, el respeto, la generosidad, la honestidad, cuya circulación, beneficia a todos, dando cabida a la solidaridad, fuerza creadora del bien común.
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